Autor: Lic. Miguel González, MBA |  Regresar a la lista de artículos

La Habilidad que todo Líder de Seguridad necesita y casi nadie enseña

Por qué la inteligencia emocional puede ser más determinante que el conocimiento técnico para construir una cultura preventiva sólida.

Cuando pensamos en un profesional en Seguridad y Salud en el Trabajo, solemos imaginar a alguien con amplios conocimientos técnicos, dominio de la legislación y capacidad para identificar peligros. Sin embargo, en los entornos laborales actuales, eso ya no es suficiente. Cada vez más expertos coinciden en que la inteligencia emocional es una de las competencias más importantes para lograr una cultura preventiva sólida y sostenible.

Por ejemplo, la especialista Camille Oakes, autora del libro “EQ for the Safety Leader” (Inteligencia emocional para el líder de seguridad), sostiene que los líderes en seguridad deben complementar su experiencia técnica con habilidades emocionales que les permitan influir, conectar y generar confianza en las personas.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como identificar e influir positivamente en las emociones de quienes nos rodean.

En salud ocupacional, esta habilidad resulta especialmente valiosa porque gran parte del trabajo consiste en influir en comportamientos, promover cambios y lograr el compromiso de personas sobre las cuales muchas veces no existe autoridad directa.

El desafío del profesional de seguridad

A diferencia de otros puestos de liderazgo, los profesionales de SST suelen ser responsables de resultados que dependen de terceros:

  • Necesitan que los trabajadores adopten conductas seguras.
  • Deben convencer a la gerencia de invertir en controles preventivos.
  • Promueven cambios operativos que requieren apoyo de diferentes áreas.
  • Frecuentemente comunican situaciones difíciles después de incidentes o accidentes.

En otras palabras, el éxito no depende únicamente del conocimiento técnico, sino de la capacidad para influir y construir relaciones.

Un ejemplo cotidiano: el uso del EPP

Pensemos en un programa para mejorar el uso de equipo de protección personal (EPP). Una persona con alta inteligencia emocional puede:

  • Convencer a la dirección de asignar presupuesto para adquirir equipos adecuados.
  • Colaborar con Recursos Humanos para fortalecer las políticas internas.
  • Motivar a los trabajadores para que comprendan la importancia del uso correcto del EPP.
  • Impulsar conversaciones con ingeniería para eliminar o reducir el peligro desde su origen.

Es decir, no solo se enfoca en exigir el cumplimiento, sino en generar compromiso y soluciones más efectivas.

Cinco habilidades emocionales clave para líderes en seguridad

Según el modelo EQ 2.0 de Oakes, existen cinco competencias fundamentales:

  1. Autopercepción: Comprender nuestras fortalezas, limitaciones y reacciones emocionales.
  2. Autoexpresión: Comunicar ideas, preocupaciones y recomendaciones de manera clara y respetuosa.
  3. Relaciones interpersonales: Desarrollar confianza y credibilidad con trabajadores, supervisores y directivos.
  4. Toma de decisiones: Analizar situaciones complejas sin dejarse llevar únicamente por la presión o las emociones del momento.
  5. Gestión del estrés: Mantener la calma y la efectividad incluso durante incidentes, auditorías o situaciones de alta exigencia.

Estas competencias, al igual que cualquier herramienta técnica, pueden aprenderse y perfeccionarse con la práctica. Los profesionales de seguridad que desarrollan su inteligencia emocional están mejor preparados para liderar cambios, fortalecer la cultura preventiva y obtener resultados más sostenibles.

La prevención de riesgos no depende únicamente de normas, procedimientos o inspecciones. También depende de la capacidad de conectar con las personas y generar influencia positiva.